Recorro en mi mente
Las calles de aquel pueblo
De infancias alegres y olvidadas,
Recorro sus caminos empedrados
En la soledad más dulce y más amarga.
¡Qué mágico es oír correr el tiempo
Cuando estallan sus alegres campanadas!
Las diez, las once, las doce…
El pueblo resuena y el campo se calla.
¡Qué sublime el aire cuando canta
En las noches de luna, entre sus calles de nácar!
El Riandero, la Fuente vieja,
¡Cuántas historias lavadas!
El paseo hasta “los muros blancos”
Juventud enamorada,
Los chiquillos con linternas
Despiertan desconfianza.
Entre medio de sus calles van latiendo,
Cuesta abajo por sus lievas empedradas,
Sones nuevos, ecos de antaño
Que se acunan al arrullo de sus aguas.
Y en el recuerdo aun dormido
Frente a la lumbre encarnada,
historias que el Papá Frutos
siempre untaba a mis tostadas.
Y Luís con su navajilla
Tallando con mucha calma,
Mientras Marcial pinta un lienzo
Con mil colores del alba.
Recorro en mi mente las calles de Linares
Con sus casas de nácar encaladas,
Con mi sueño empolvado en el “doblao”
Acunada en el arrullo de sus aguas.
M. Carmen Yesa
Domingo, 12 de septiembre de 2004
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A Linares le pones tú los lunares de colores con tu prosa.
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