Todos le llamaban el Granuja
por su altaneria y sus ganas de vivir
le juzgaban y hablaban en su ausencia
e inventaban mil historias
para hacerle sucumbir.
Pero el siempre regalaba su sonrisa
su mirada afable y su elocuencia
embriagaba a los demás,
pero esa maldita y mal sana envidia,
le clavaba mil puñales por detrás,
Decían que encandilaba a las mujeres,
que a los hombres traicionaba por detrás,
decían mil historias muy injustas
que ninguna se podía demostrar.
Pero un día el Granuja se rindió
y decidió apartarse a meditar
subió por la "Ratilla" hasta "El Charcón"
y en una cueva construyó su hogar.
Regalaba su sonrisa a los tomillos,
a las flores silvestres y a la luz del sol
deleitaba con sus charlas mañaneras
a un aguila culebrera
que anidaba en el "canchón"
y las flores perfumaban su camino
los tomillos se vestían de morado
para darle amor,
cada atardecer el buho le saludaba
y el aguila en la mañana le cantaba su canción
El Granuja era feliz en la montaña
rodeado de belleza y de rincones en flor
y se olvidó de aquel pueblo entristecido
se olvidó del vacío y el desamor.
Cada mañana en la montaña
sus palabras se oyen por doquier
llevan mensajes envueltos en flores
y tomillos con flores le besan la piel.
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