Pequeña flor de Jericó
que me enseñó a ser yo
y a sobrevivir con el esfuerzo
y la lucha incansable,
pensando en una vejez
incierta, pero segura.
Pequeña flor de Jericó
que entre refunfuños
te entregas por completo
a una simple caricia del viento
o a una simple gota de agua
capaz de hacerte resurgir
de tu descanso.
Pequeña flor de Jericó
que enriqueces a quien te rodea
pues abres tus brazos
generosamente,
esperando una caricia
que tal vez no llega,
pequeña flor que te entregas
en un desierto ingrato
sin esperar otra recompensa
que el agua que deja
una fugaz tormenta,
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Pequeña pero inmensa a la vez y preciosa.
ResponderEliminar¿Verdad?
gracias campanilla, siempre tan amable.
ResponderEliminarCreo que lo has enfocao mal. En realidad la rosa de Jericó sos vos. Y no es de Jericó sino de Jerecó. Ya que el nombre le viene de JEREzana con dos COjones. Es una acróstico muy conocido. Como ya sabes he estado este finde con tus dos madres y no me refiero a la madre que parió el Levante y la madre que parió al Poniente. Ambas madres y ambos vientos te ayudarán a seguir tu interminable periplo repartiendo esas gotas de rocío que con tanto cariño sueles dar a los que se mueren de sed de amistad.
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